Vendieron los Rays: cambio millonario, promesas de estadio nuevo y una ciudad en vilo

Nueva York / Tampa Bay — Los propietarios de la Major League Baseball aprobaron de manera unánime la venta de los Tampa Bay Rays a un consorcio liderado por el empresario Patrick Zalupski por una cifra reportada en US$1.7 mil millones, según comunicados y reportes periodísticos. La operación pone fin a la etapa principal de Stuart Sternberg como dueño mayoritario y abre un nuevo capítulo que incluye planes y promesas sobre un estadio futuro.

El grupo comprador incluye ejecutivos con experiencia en desarrollos inmobiliarios y negocios locales, y ha expresado intención de mantener el club en la región de Tampa Bay mientras exploran ubicaciones potenciales para un nuevo parque de béisbol (Ybor City, West Shore y cercanías de Steinbrenner Field han sido mencionadas en análisis locales). El acuerdo llega en un contexto de debates sobre la viabilidad del actual Tropicana Field tras daños por el huracán Milton en 2024.

MLB y los nuevos inversores han señalado prioridades: modernizar la experiencia del fan, estabilizar la franquicia financieramente y evaluar opciones de estadio que respondan a la demanda de 2026 y más allá. En los informes locales se menciona que Sternberg mantendrá una participación transitoria del 10%, facilitando una transición pactada con la liga.

La venta por $1.7 mil millones se produce en un mercado de franquicias con precios al alza: analistas financieros señalan que las cifras reflejan no solo el valor competitivo del equipo, sino el potencial inmobiliario y comercial ligado al proyecto del estadio. Para la región, la llegada de capitales con interés local promete inversiones y empleo, aunque también suscitó dudas sobre presión urbanística y concesiones públicas.

En lo deportivo, los Rays han sorteado en los últimos años la dificultad financiera y de estadio con una exitosa política de desarrollo de talento; mantener al equipo en la zona y dotarlo de modernidad portará expectativas de mejoras en el rendimiento y en la experiencia del espectador. Ejecutivos del nuevo grupo han asegurado su compromiso de “trabajar para la región” en declaraciones recogidas por medios locales.

“Queremos mantener a los Rays aquí y construir algo del que la comunidad se pueda enorgullecer”, dijo —según reportes— uno de los líderes del grupo comprador durante presentaciones previas a la aprobación, frase que fue citada por medios que siguen la negociación. La declaración busca calmar temores sobre mudanzas o desmembramientos de la franquicia.

No obstante, hay puntos críticos: los costos de un nuevo estadio, la relación con gobiernos locales y la obligación contractual de jugar en St. Petersburg hasta 2028 (según algunos contratos de arrendamiento y acuerdos previos) podrían condicionar plazos y ubicaciones. Además, la reparación de Tropicana Field —dañada por el huracán— tuvo un coste estimado en decenas de millones, y la capacidad temporal reducida en Steinbrenner Field afectó la asistencia en 2025.

A nivel de mercado, la operación deja un precedente: el valor de franquicias de mediana plaza continúa su ascenso, y la presencia de inversores con experiencia en bienes raíces sugiere que el negocio del béisbol se mira hoy también como un catalizador urbano. Para los seguidores, la esperanza es que esos recursos se traduzcan en mejor equipo y estadio, no en aumentos excesivos de boletos o en decisiones que prioricen al inmobiliario sobre el deporte.

Finalmente, la aprobación de la venta marca el inicio formal de la transición y abre una ventana de diálogo con autoridades locales, afición y la propia MLB para definir tiempos y proyectos concretos. La promesa de un nuevo estadio será el barómetro que medirá si la operación resulta, al final, en una victoria para la ciudad y la franquicia.

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