Nueva York — La Major League Baseball (MLB) aprobó el martes el uso del Automated Ball-Strike System (ABS), conocido popularmente como “robot-umpires”, para la temporada 2026, una decisión que rompe con 149 años de tradición y abre un intenso debate entre jugadores, managers y aficionados.
La votación del comité de competición de 11 miembros autoriza un sistema híbrido: los árbitros de home plate seguirán haciendo la llamada inicial, pero los equipos podrán desafiar las decisiones de “bola y strike” y activar revisiones electrónicas basadas en ABS. Esa mezcla de humano y tecnología será el centro de la polémica en los próximos meses.
La liga ha argumentado que el ABS ya fue probado en Triple-A, en juegos de pretemporada y en el All-Star Game, con mejoras continuas en la consistencia de la zona de strike. Los defensores sostienen que la tecnología reducirá errores flagrantes y hará el juego “más justo” estadísticamente.
Sin embargo, la reacción entre veteranos y puristas fue inmediata. Algunos comentaristas recuerdan que el “ojo humano” y la imprevisibilidad forman parte del ADN del béisbol; otros advierten sobre la pérdida de ritmo emocional y el posible efecto en el arte del umpire como figura central del juego. En redes y foros hubo reacciones que van desde “bienvenido progreso” hasta “se está despojando al béisbol de su esencia”.
El sistema incluirá un esquema de desafíos limitado: cada equipo dispondrá de dos desafíos por partido (más uno extra en entradas adicionales) para impugnar bolas y strikes, según el plan divulgado por la liga. Esa restricción busca evitar abusos y preservar el flujo del juego, aunque críticos dicen que dos desafíos no bastarán para partidos tensos.
Desde el punto de vista operativo, MLB deberá estandarizar cámaras, sensores y algoritmos, y garantizar transparencia en las métricas que definan la “zona”. Los ingenieros y los fabricantes de la tecnología tendrán ahora un papel visible en la organización del calendario de pruebas. Analistas de estadísticas advierten que la introducción de ABS puede alterar métricas tradicionales (por ejemplo, tasas de contacto y zonas de swing) y requerirá recalibración en modelos de valoración.
n la liga ya se anticipan efectos colaterales: entrenadores y front offices evaluarán si ciertos pitchers o bateadores —que se habían beneficiado históricamente de interpretaciones favorables de la zona— verán reducir su ventaja, lo que podría afectar decisiones de rotación y la construcción de plantillas.
“No estamos sustituyendo al árbitro, estamos dándole una herramienta”, dijo —en una de las notas sobre el anuncio— un representante del comité de competición, que defendió el modelo híbrido como “la forma de mitigar errores sin deshumanizar el deporte”. La frase sintetiza la intención oficial de conciliar tradición y modernidad.
Entre los aficionados y periodistas hay dudas prácticas: ¿cómo funcionará la interfaz, cuánto retraso añadirá cada revisión y quién tendrá la última palabra en casos de fallo tecnológico? Los precedentes en ligas menores y pruebas sugieren tiempos de revisión cortos, pero la implementación a gran escala sigue siendo una incógnita.
Las grandes preguntas quedan abiertas: ¿mejorará el espectáculo? ¿se perderá cierta “humanidad” del arbitraje? En lo inmediato, la liga programará seminarios y pruebas con árbitros, franquicias y fabricantes para pulir la herramienta antes de su estreno en 2026. Mientras tanto, la pelota ya no será exactamente la misma.

