El exboxeador Julio César Chávez Jr. fue deportado desde Estados Unidos y trasladado al Centro Federal de Readaptación Social (CEFERESO) No. 11, en Hermosillo, Sonora, un penal de máxima seguridad. Su ingreso marca un nuevo capítulo en un caso que ha generado conmoción pública, por las acusaciones que lo vinculan con delincuencia organizada y tráfico de armas.
El hijo de la leyenda del boxeo mexicano fue arrestado en Los Ángeles el pasado 2 de julio por agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), bajo cargos migratorios relacionados con una solicitud fraudulenta de residencia permanente. Tras 46 días detenido en Estados Unidos, fue entregado en la frontera de Nogales a autoridades mexicanas, que ejecutaron de inmediato la orden de aprehensión pendiente desde 2023.
La Fiscalía General de la República (FGR) lo acusa de delincuencia organizada, tráfico de armas, municiones y explosivos, presuntamente vinculado al Cártel de Sinaloa y a la facción de “Los Chapitos”. La investigación, según informó el fiscal Alejandro Gertz Manero, se inició en 2019 y derivó en la orden de captura que ahora se ha cumplimentado. “Se inició la investigación en 2019, con pruebas suficientes para proceder”, declaró el funcionario.
La presidenta Claudia Sheinbaum confirmó en su conferencia de prensa matutina el arribo del exboxeador a México: “Entiendo que fue deportado. No sé si fue ayer o hoy en la mañana, pero nos informaron que iba a llegar a México. Cuando lo detuvieron allá había una orden de aprehensión en nuestro país”, puntualizó la mandataria.
Por su parte, la familia Chávez ha cerrado filas en defensa del exmonarca de peso medio. Su padre, Julio César Chávez, señaló: “Todo va bien con él… confiamos en las autoridades y pedimos que hagan su trabajo. Mi hijo es inocente de todo lo que se le acusa. Estamos tranquilos porque no hay nada”. El comentario refleja el contraste entre la visión de las autoridades y la postura de uno de los nombres más respetados en la historia del boxeo mexicano.
La carrera de Chávez Jr., campeón mundial del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en 2011, ha estado marcada por altibajos: desde triunfos importantes en el ring hasta suspensiones por dopaje, episodios de indisciplina y problemas con la justicia. Su vida personal, incluida su relación con familiares de Joaquín “El Chapo” Guzmán, ha sido objeto de escrutinio constante y ahora alimenta las especulaciones en torno a sus presuntos vínculos con el crimen organizado.
El ingreso del excampeón al CEFERESO No. 11 implica un proceso judicial complejo y de alta prioridad para el Estado mexicano. Los delitos que se le imputan podrían derivar en penas de hasta 20 años de prisión, dependiendo de la valoración de las pruebas por parte del Poder Judicial. Expertos en derecho penal señalan que el caso será emblemático, no solo por el perfil mediático del acusado, sino por las implicaciones en la lucha contra la delincuencia organizada.
La detención y reclusión de Julio César Chávez Jr. reabre el debate sobre la relación entre figuras públicas y el crimen organizado en México. Mientras la opinión pública se divide entre quienes defienden su inocencia y quienes lo señalan como ejemplo de decadencia, el proceso judicial apenas comienza y promete convertirse en uno de los casos más seguidos del año.