Ciudad de México — La vida y carrera de Julio César Chávez Jr., hijo del legendario excampeón mundial Julio César Chávez, vuelve a colocarse en el centro de la polémica tras ser trasladado recientemente a un centro de rehabilitación en Estados Unidos, luego de una serie de problemas legales y de salud que han opacado su trayectoria dentro del boxeo profesional.
El expúgil sinaloense de 38 años fue ingresado a dicha institución tras enfrentar cargos relacionados con la posesión indebida de medicamentos controlados, situación que generó preocupación en el entorno deportivo y en la propia familia Chávez. “Mi hijo está luchando contra una enfermedad muy dura que es la adicción, y como padre haré todo lo que esté en mis manos para que salga adelante”, declaró Julio César Chávez padre, quien en reiteradas ocasiones ha hecho público su dolor por la situación.
Chávez Jr., quien debutó como profesional en 2003 y llegó a proclamarse campeón mundial de peso medio del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en 2011, parecía destinado a seguir la estela de su padre. Sin embargo, su carrera estuvo marcada por altibajos, problemas de disciplina, suspensiones y largos periodos de inactividad. Sus números aún reflejan talento: un récord profesional de 53 victorias (34 por nocaut), 6 derrotas y 1 empate, aunque los últimos años se han visto empañados por actuaciones cuestionadas.

El exboxeador fue trasladado a un centro de máxima seguridad médica en California, especializado en tratar casos de dependencia severa. Según fuentes cercanas, la decisión busca garantizar no solo la estabilidad física del excampeón, sino también evitar nuevos episodios legales. “Lo que está pasando con Julio Jr. no es un caso aislado. Es un reflejo de lo difícil que resulta para muchos atletas retirados encontrar equilibrio después de la fama”, señaló un especialista en adicciones consultado por medios locales.
La noticia también provocó reacciones en el ámbito político. El diputado Ernesto Pérez sostuvo que el caso “pone sobre la mesa la urgencia de fortalecer los programas de prevención y atención a las adicciones en México, sobre todo para jóvenes deportistas que enfrentan presiones mediáticas y sociales”.
Pese a su situación actual, Chávez Jr. no ha descartado un eventual regreso al ring. En entrevistas previas, aseguraba que aún tenía “gasolina en el tanque” para buscar una última oportunidad en el boxeo. “Yo sigo pensando que puedo dar grandes peleas. Mi problema no es arriba del ring, es afuera. Mientras controle eso, nadie me va a detener”, comentó el sinaloense en una de sus últimas declaraciones públicas antes de su ingreso.
El caso del “Junior” también ha reabierto el debate sobre el peso del legado deportivo. Cargar con el apellido de uno de los más grandes pugilistas de la historia de México no ha sido fácil. Muchos analistas coinciden en que las comparaciones permanentes y las expectativas desmedidas fueron un factor determinante en su irregular desempeño. “Julio César Chávez Jr. nunca pudo escapar de la sombra de su padre, y eso terminó pasándole factura”, opinó el cronista deportivo Eduardo Camarena.
Por lo pronto, el futuro del excampeón mundial depende de su recuperación personal. La familia ha pedido respeto y privacidad durante el proceso, mientras los aficionados, divididos entre la crítica y el apoyo, esperan que Chávez Jr. pueda encontrar un camino de estabilidad. Lo cierto es que, con su historia marcada por la gloria y la caída, el nombre de Julio César Chávez Jr. seguirá siendo uno de los más controvertidos en el boxeo mexicano.
